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5.9.08

Cuatro notas acerca de E.A. Poe (va la primera)

Introducción

Vamos a echar aún más leña, sí señor. Al fuego todavía muy brillante que nos ha legado semejante espíritu de extrema sensibilidad y mente puntiaguda, a su majestuosa obra que nos pertenece, de la que nos apropiamos en todo momento, como debe ser.

(Y quizás toda aparición en la ciencia literaria no sea más que una forma de reconocer esas influencias, que implica tomar la lupa, rastrear palabra por palabra y lograr todo tipo de interpretaciones, ocupando cabezas y épocas. ¿Para qué? En lo personal, se me hace de mero entretenimiento, porque la utilidad en términos relativos y muy exigentes puede verse seriamente limitada. Algún juego intelectual, un regocijo por ver lo que ha visto un genio, en fin, un rescatable placer, que a todos atrae y que, al menos indirectamente, integra el espectro de los esfuerzos por penetrar y conocer el alma humana, cuando no sanearla de sus eternos demonios. Como lo que cada uno tenga para decir sobre determinado autor queda descartado por “teoría” cuando prima lo que le ha sido significativo para sí, sin importar que haya ocurrido o no en otros (aquí varios humanistas recelarán, me too), -sin abocarse a métodos que a la larga se repetirán, o a cánones literarios, crítica textual, simbologías, que aquí no se van a estudiar académicamente-, ello nos deja tranquilos para opinar lo que queramos).

Y así luego, tomarnos la libertad de reproducir una serie de notas sobre la obra de Edgar Allan Poe, escritas en 1954 por Lucía A. Z. De Sampietro para la revista “Humanidades” de la Universidad de La Plata, no concebidas –desde el nosotros- para ser adheridas al oficialismo –si es que existe- en la materia; en cambio, sí para aportar enclaves desde donde admirar la inequívoca belleza de su arte.

Es muy probable, o casi cierto, sin embargo, que estas “Cuatro notas acerca de Edgar Allan Poe” hayan sido fruto de estudios exhaustivos, de cotejo con otras opiniones, de clasificaciones, comparaciones odiosas e imposiciones de ideologías. Con todo, no son anulables entre sí los fines: el contenido de estos lúcidos ensayos aprieta las manos entre conocimiento y gustito por lo que se estudia, y lo que nuestros corazones delatan al leer la obra del poeta bostoniano; como pude haber seleccionado estas notas (que obtuve revolviendo una austera y completita librería de barrio), podría haber sucedido con otras mientras no se perdieran en recetarnos lentes para apreciar el carácter universal de la obra. No hay interés en reafirmar su universalidad nuevamente, y por el resto de los tiempos, más que redescubriéndolo (estos casos de literatura universal a veces resultan inagotables, y nosotros demasiado pesados) a través de lecturas propias y ajenas, sintiendo que es allí donde flota lo que lo hace plausible de ser compartido por la humanidad, de este preciso instante (seguro que hay alguien por ahí leyendo El gato negro o El escarabajo de oro, por nombrar alguno).

Los logros “técnicos” del Poe escritor y filósofo, jamás serán desestimados, por el contrario, se ponderan y se convierten en los pilares de trascendencia para otros posteriores. Pero no deben ser tomados como las claves para explicar su preeminencia, su formidable efecto en los lectores de toda la historia. O al menos no aquí; nos aislamos de remisiones a las legitimaciones del mundillo académico, que buscan aislar a la vez el sentido común, del que precisan distinguirse, y simular que lo aclaran todo. Juguemos un poco con las propias percepciones, mezclemos con algunos puntos nuevos que cambien lo que veíamos antes, aceptándolos, o rechacémoslos por completo. Pasaron ya muchos años; a menos que la teoría universal de Eureka llegue a mostrarse en toda su dimensión algún día, no hay motivo para tomar su persona-obra con demasiada seriedad o como espacio político, sino como entretenimiento, universal, que se ha esparcido por tantas almas... ¡sin llegar a ver la teoría! (sigue...)

p.p.



Lucía A.Z. De Sampietro (

"Cuatro notas acerca de Edgar Allan Poe" (1954)

{ I }

Agonía y soledad

And all I loved, I loved alone

E. A. Poe

Al colocar este verso de Edgar Allan Poe como epígrafre de sus traducciones, Carlos Obligado está señalando ya la importancia capital que posee para la mejor comprensión y valoración de la obra y la vida del atormentado poeta americano.

En los versos de Alone, está prefigurado el carácter de los conflictos vitales que torturaron a este gran idealista, incomunicado y solitario, cuya palabra sonora, atravesando los tiempos, lleva su mensaje esencial a “estirpes no nacidas”.

Como el ángel Israfel, en las fibras de su corazón vibraba un laúd, y cada uno de sus cantos fue la transfiguración de un padecer.

Si alguien en la literatura americana merece el calificativo de agonista, con plena y etimológica verdad, ése es Edgar Allan Poe. Su vida fue una constante agonía, esto es, una constante lucha. En pugna desigual contra la sociedad y la época (no lo supieron comprender más que unos pocos), contra el destino siempre adverso, y consigo mismo, nada pudo –no obstante- apagar la llama luminosa de su genio, ni su pasión ardiente, ni desviarlo del camino del puro ideal –Verdad y Belleza- que buscaba su alma. Luchó y luchó solo; y cuando lo alcanzó la muerte, llegó a la “suprema soledad”, como la llamaba el gran Unamuno.

La primera parte de Alone es la más significativa. En una apretada síntesis, Poe nos da los caracteres de su soledad, desde la infancia. Pero su soledad proviene, más que nada, de sentirse, de saberse diferente a los demás. Ese sentimiento de extranjeridad, lo acompaña a través de toda su vida y va a reflejarse ineludiblemente en sus poemas y cuentos.

From childhood’s hour I have not been As others were; I have not seen As others saw; I could not bring My passions from a common spring. From the same source I have not taken My sorrow; I could not awaken My heart to joy at the same tone; And all I loved, I loved alone.

¿Qué causas influyeron para el desarrollo de un sentimiento tan poderoso, tan íntimo? Los biógrafos de Poe señalan la influencia decisiva de la muerte de su madre. Contaba menos de tres años de edad cuando quedó huérfano. En verdad, pocos recuerdos podía conservar, pero de un modo enfermizo, la imagen de Elisabeth Poe fue cobrando, en él, dimensiones extraordinarias. Edgar hizo de ella un ser ideal, un arquetipo de belleza física y espiritual, un canon para avalorar a todas las mujeres. Según Edmond Jaloux, Poe buscó a través de todos sus amores, el recuerdo de ese rostro de ojos extraños que se refleja en todas las heroínas de sus cuentos. Por otra parte, el tema de la muerte –el amor y la muerte van de la mano tanto en su vida como en su obra-, sería consecuencia directa de la muerte de su madre, que se repite a lo largo de su existencia, en la señora Allan, en Helen Stanard, y en Virginia. El mismo Jaloux ve una identidad casi absoluta entre la mirada terrible y dilatada de Elisabeth, (tal como aparece en el retrato conservado por su hijo) y la descripción de la mirada de Ligeia.

Quizá para huir de su soledad, buscó siempre y sucesivamente alguna mujer que iba a constituir algo así como una presencia tutelar –casi maternal-, un apoyo moral, afectivo. Necesitó como se necesita un elemento vital, una presencia femenina a quién amar.

Bajo otro aspecto, la crítica positivista ha ejercido una acción devastadora sobre la personalidad de Poe. Pese a ella, como poeta, se salva cabalmente para la posteridad. Si su figura humana no alcanza grandeza moral, quizá se deba a que sus facultades artísticas se desarrollaron exageradamente con detrimento de las otras. Dice Jung al respecto: “Dentro de él (del artista) luchan dos potencias: el hombre común y corriente, con su derecho a la dicha, a la satisfacción y a la seguridad de la vida, de una parte, y de otra la implacable pasión creadora que en ciertos casos le obliga a pisotear todos sus deseos personales. Esto es lo que explica porqué la vida personal de tantos y tantos artistas es tan poco satisfactoria e incluso trágica, no precisamente por imperio de un destino sombrío, sino por la subestimación de en que estos hombres tienen su personalidad humana. Rara vez nos encontramos con un hombre creador que no pague cara la centella divina de su gran inspiración” (...) “Lo humano se sacrifica y se desangra en el artista, no pocas veces, para alimentar la parte creadora hasta el punto que le obliga incluso a desarrollar malas cualidades, por ejemplo, un egoísmo simplista y despiadado (el llamado autoerotismo), la vanidad y todos los vicios imaginables, y todo ello para infundir al yo humano, por lo menos, un poco de energía vital y evitar que perezca completamente exhausto”. ([1])

Así, pues, no podemos juzgar su obra por su vida, ni considerarla como una contradicción de su ser más íntimo. Esa pura exterioridad en la cual se basaron muchos críticos para valorar a Poe, no basta para comprender al hombre y mucho menos al poeta. Como poeta, su creación es el resultado necesario e intransferible de una torturada y lúcida pasión, y de la potencia gigantesca de su pensamiento.

Su incoercible voluntad de grandeza se debatió contra el pragmatismo de su época y el credo positivista del siglo XVIII con sus doctrinas del éxito y del esfuerzo propio que tanto había preconizado Franklin, americano típico, verdadera antítesis del espiritualista autor de The Raven. Como dice Baudelaire, Poe était la bas un cerveau singulierement solitaire. ([2])

Pero el destino del genio es vivir en soledad. Sólo en el destierro la creación alcanza la más alta expresión, su nota más pura.

Cronológicamente, Poe pertenece al fecundo período que va desde 1830 a 1870 ([3]) -“época áurea”- en el que se destacan personalidades como Emerson, Thoreau, Hawthorne, Melville y Whitman, en el que tiene lugar el movimiento trascendentalista, que influyó tanto en la filosofía y en la literatura como en el orden religioso, político, social, etc.

Pero la referencia es solamente cronológica. En Poe se produce lo que Julius Petersen ha denominado acertadamente “escisión de la generación”, y “que radica en esa posición especial que se puede observar siempre, que excluye a algunos compañeros de edad, de la comunidad de la generación”([4]).

Él no está con ningún grupo. Si bien al comienzo de su carrera pareció acercarse al círculo dirigente de Boston, su carácter altanero y la causticidad de su crítica, suscitaron pronto enemistades y rencores que amargaron su existencia trágica y desolada.

Así, mientras podemos afirmar que su obra no refleja más que unilateralmente la época y el lugar en que vivió, su poesía –prosa y verso-, está plena de vivencias personales. Contados serán los poemas o cuentos en donde ellas no asomen o se manifiesten claramente. Los fondos personales de su obra constituyen a menudo la fuente primordial de donde surgen verdaderas joyas, tales como Ulalume, Annabel Lee, For Annie, William Wilson, y otras.

El sello de su ser, el que nos revela su auténtica mismidad espiritual, está inmerso, vívido, en la totalidad de su obra. Esto no quiere decir que podamos explicar taxativamente su poesía por los factores esencialmente personales que intervienen en ella, puesto que, como toda alta poesía, rebasa al artista creador, va mucho más lejos, trasciende los límites que circunscribían la creación.


[1] Psicología y Poesía, en Filosofía de la Ciencia Literaria, trad. de C. Silva, Fondo de Cultura Económica, México, 1946, págs. 349-350.

[2] Histoires Extraordinaires, Traduit d’Edgar Poe. París, Lemerre, s.f.

[3] Debemos considerar, sin embargo, con respecto a Poe, que vivió sólo hasta 1849.

[4] Las generaciones literarias, en Filosofía de la Ciencia Literaria, ed. cit., pág. 159.


Aclaración: A pesar de buscar activamente en internet, no tenemos a disposición mayor información sobre la autora y materiales similares de su propiedad, por lo que rogamos que si conocen algo más, se comuniquen con nosotros en seguida. Gracias!

6.7.08

El Noviazgo de Hesse y reflexiones amorosas

por F.C.

Esta vez voy a hablar de un cuento hermoso del gran escritor alemán Hermann Hesse.

Este autor es más conocido por sus novelas, entre ellas se destacan El Lobo Estepario, Demian y Siddharta, entre otras. Pero a su vez, tiene en su haber una serie importante de cuentos que escribió siendo más joven. Entre los que yo leí se destacan especialmente El Poeta, Hermosa es la Juventud, Un hombre llamado Ziegler y El Noviazgo, aunque hay muchos más.


Como sabrán los que hayan leído algo de Hesse, este autor en general se centra en la vida de un personaje central, alrededor del cual gira todo el argumento. Casi siempre el personaje pasa de una situación determinada a otra situación, usualmente opuesta, mediante un giro fundamental en su vida. Además, generalmente, este cambio es para mejor; aunque el mismo no se dé sin grandes problemas, avances y retrocesos. (sigue...)


Una cosa que me gusta de Hesse es que bucea en la mente de los personajes, ya sea la narración en primera o en tercera persona. Mostrándonos los pensamientos que la persona tiene de cada acontecimiento, personaje o recuerdo que marca cada momento de su vida. De ahí que la dimensión mental y espiritual de los personajes es muy importante.

Hoy voy a hablar de este cuento, El Noviazgo, que me encantó particularmente por la afinidad que yo siento por su protagonista, Andreas Ohngelt. Al cual el autor sitúa dentro de la historia en un pueblo alemán. Es un muchacho que en su juventud se enamoraba de una chica diferente cada semana, pero sólo en sueños podía imaginar cómo podía ser estar con alguna. Porque no sabía cómo hacer para conquistarlas, mejor dicho; lo que era peor, creía que sabía. Ya que este personaje inventaba frases bastante rebuscadas para demostrar respeto y buena educación. Lo cual no hacía otra cosa que alentar el rechazo por parte de ellas.

Otra…..casualidad??? Este personaje era aficionado al canto, al igual que yo. Entró a la coral religiosa del pueblo donde creía que podía alternar con mujeres.

Y así fue, en el coro había dos mujeres, Margarita y Paule, Andreas estaba enamorado de la primera, una bella joven bastante menor que él, pues “ya no quedaban solteras bellas en su pueblo, al menos de su edad”. Toda la trama finalmente desemboca en que Paule era la que lo quería a él, pero el protagonista no se daba cuenta porque estaba obsesionado con Margarita. Así, este personaje consigue tener novia a los 30 años.

Este cuento me cautivó completamente y creo que, más allá de mi afinidad personal con el personaje, cualquiera lo puede disfrutar sabiendo que hay personas solitarias a la espera de su compañer@. O sea, el cuento sintetiza un poco lo que sentimos esas personas todo el tiempo, una sensación de soledad, a la cual uno a veces la siente injusta, otras pasajera, otras como un calvario interminable, en fin…

Este cuento me sirve como pretexto para hablar de lo que siento, como otros varones, respecto a la falta de una chica, compañera, hembra, novia, como lo quieran llamar, en nuestras vidas. La sociedad nos compele a salir de nuestra soledad, lo cual también nos hace enfrentarnos a nuestra incapacidad crónica de salir de ella y eso muchas veces nos hace sufrir, a veces, inútilmente. Entonces, para escapar de ese sufrimiento dejamos de intentar, lo cual hace que tengamos menos posibilidades aún. Pero a su vez, nos gana la ansiedad de no saber hasta cuándo tendremos que esperar, ahí está, esa es la clave, no hay esperar, hay que actuar. Pero, cómo? Ya intenté de todo, declaración instantánea, no funcionó; esperar a declarármele, tampoco, es mejor saber lo antes posible si no gusta de vos. Una carta, tampoco. Poemas, tampoco. Tratar de empezar como amigos, tampoco. Páginas de citas, menos. Y todo esto si tengo suerte, porque, es difícil que aparezca tan sólo una chica de las cuales podría gustar. Y cada vez es más difícil que me enamore!!! Yo lo que más quiero en la vida es enamorarme, pero aún si tengo una chica en la mira, y hablo todo bien, hay onda pero te das cuenta que “hasta ahí”. Después te dicen: “Dejate de joder” “Ya te va a llegar” “Lo mejor que podés hacer es dejar de buscar”. Les informo que dejé de buscar dos años y no resultó, no hay que bajar la guardia. Pero si busco tampoco encuentro.

Todo me deprime más cuando pienso que tengo cualidades normales, hay mucha gente que podría interesarse en mí, y con eso, al menos, ampliar las posibilidades. Pero no, soy buena persona, de facha normal, tengo gustos normales, las chicas me fascinan y su belleza me encanta (incluso podría aventurar que más aún que gente de igual edad que “ya tuvo algo”). Hay otros casos en que técnicamente también están en esta situación, pero no les importa tanto, por falta de interés o porque no buscan y no les importa. En cambio, a diferencia de ellos, yo creo que no nací para estar esperando tanto, realmente tengo mucha libido contenida. En cuanto a hormonas, también fui (y soy) normal. Lo que falta es actitud, esa es la posta. Tema complicado este de la actitud. La conciencia será una gran consejera, pero hay veces que nos caga la vida. Tanto pensar, y al final es peor, uno tiene las condiciones biosociales de dejar escapar (hasta cierto punto) el Instinto. Pero esa entrometida, la conciencia, puede más.

A veces flasheo la imagen borgeana o doliniana de una chica que vaga solitaria como yo en esta ciudad y por algún maldito destino del demiurgo nuestra unión no se realiza. Conozco casos donde sí se realizó, casos cercanos. El tema es, por qué tengo que esperar tanto a que se dé? Está bien, algo siempre hay que esperar sino, todos a los 13 años encontrarían su pareja ideal y listo. Pero por qué, Dios, por qué hacés esperar tanto a unos pocos y a la mayoría les hacer esperar menos (lo normal, porque sea la mayoría, no porque fuera lo “deseable”).

Después de todo, y esto sí lo reconozco y es verdad, no es lo único en la vida, y por suerte en el resto de las cosas no me va tan mal como en esto (mientras hay gente que no tiene ni para comer, ni salud, ni éxito en la facultad etc.) Así que, en esto sí, acepto que me digan “dejate de joder”.

Franco Cinalli

julio 2008

5.8.07

La Domesticidad Salvaje


En G.K. Chesterton, "Lo que está mal en el mundo" (1910) (*)

La Domesticidad Salvaje

[...] Ya que la verdad es que para el moderadamente pobre, la casa es el único lugar de libertad. Más bien, es el único lugar de anarquía. Es el único punto sobre la tierra donde un hombre puede alterar las reglas repentinamente, hacer un experimento o complacerse de un capricho. A cualquier otra parte que vaya él debe aceptar las reglas estrictas de la tienda, la posada, el club, o el museo en el cual él resulta entrar. Él puede comer sus comidas en el suelo de su propia casa si le gusta. A menudo lo hago yo mismo; da un sentimiento curioso, infantil, poético, de picnic. Habría un problema considerable si tratara de hacerlo en un salón de té A.B.C. Un hombre puede llevar una bata y pantuflas en su casa; mientras estoy seguro que no permitirían esto en Saboya, aunque yo nunca en realidad he probado el punto. Si usted va a un restaurante debe beber alguno de los vinos que están en la lista de vinos, todos ellos si usted insiste, pero ciertamente alguno de ellos. Pero si usted tiene una casa y cultiva un huerto puede tratar de hacer el té hollyhock o el vino convolvulus si así lo quiere. Para un hombre simple trabajador la casa no es un lugar domesticado en este mundo de aventuras. Es un lugar salvaje en este mundo de tareas y de reglas predispuestas. La casa es el único lugar donde puede poner la alfombra sobre el techo o las tejas en el suelo si quiere. Cuando un hombre pasa cada noche tambaleándose de un bar a otro o del teatro de variedades a otro teatro de variedades, decimos que él vive una vida irregular. Pero no es así; él vive una vida sumamente regular, bajo las embotada, y a menudo opresivas leyes de tales sitios. Algunas veces no tiene permitido siquiera sentarse en los bares; y con frecuencia no le esta permitido cantar en los teatros de variedades. Los hoteles pueden ser definidos como sitios donde te fuerzan a andar vestido; y los teatros pueden ser definidos como sitios donde te prohíben fumar. Un hombre sólo puede hacer un picnic en casa.

Ahora tomo, como había dicho, esta pequeña omnipotencia humana, esta posesión definitiva de una celda o cámara de libertad, como el modelo útil de la presente investigación. Si es que le podemos dar a todo hombre Inglés una casa para el o no, al menos deberíamos desearlo; y él lo desea así. Desde el momento que hablamos sobre lo que él quiere, y no de lo que él espera tener. El quiere, por ejemplo, una casa separada, el no quiere una casa pareada. El puede verse forzado en la carrera comercial a compartir un muro con otro hombre. Similarmente el podría verse forzado en una carrera de tres pies a compartir una pierna con otro hombre; pero no es así como se imagina a él mismo en sus sueños de elegancia y libertad. Nuevamente, el no desea un piso. El puede comer y dormir y rezar a Dios en un piso; el puede comer y dormir y rezar a Dios en una estación de trenes. Pero una estación de trenes no es una casa, porque es una casa sobre ruedas. Y un piso no es una casa, porque es una casa sobre zancos. La idea de contacto terrenal y fundacional, así como la idea de separación e independencia, es una parte de su imagen instructivamente humana

Tomo, entonces, ésta institución como una prueba. Así como cada hombre normal desea a una mujer, y niños nacidos de una mujer, cada hombre normal desea una casa de propia para ponerlos en ella. Él no desea simplemente un techo sobre si y una silla debajo de él; él quiere un reino objetivo y visible; un fuego en el cual él puede cocinar el alimento que gusta, una puerta que pueda abrirle a los amigos que él escoja. Este es el apetito normal del hombre; no digo que no hay excepciones. Pueden haber santos encima de la necesidad y filántropos debajo de ella. Opalstein, ahora es un duque, puede haberse acostumbrado a más que eso; y cuando él era un presidiario puede haber haberse acostumbrado a menos. Pero la normalidad de la cosa es enorme. El dar a todos casas ordinarias podría complacerlos a todos; es lo que afirmo sin apologías. Ahora en la Inglaterra moderna (como usted con impaciencia advierte) es muy difícil dar a todos una casa. Así es; yo simplemente establecí el desiderátum; y pido al lector dejarlo soportando allí mientras da vuelta conmigo a una consideración de lo que realmente pasa con las guerras sociales de nuestro tiempo. [...]


Traducción de Domingo Portales

 
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