23.3.09

Otro día en la vida


Más o menos lo que sentía por esta fecha, hoy se repite. Es verdad que ahora entiendo mejor algunas cosas -y peor otras-, pero lo lamentable sigue. Y yo no pude hacer nada, ni el resto tampoco. No pretendo poner el asunto muy a oscuras, pero si bien falta luz, la reflexión constante (y no rayana con el hartazgo) debe ser como una linterna, para guiarnos, para desvelarnos. Porque hoy en día nos pintan la situación del país de manera que, los mismos que dirigen todo (que son los actuales dirigentes, y la oposición también), después se nos quieran presentar como los presuntos salvadores, y así seguir con el horrible ruedo. Ojalá pudiera decir nunca más todos estos pelmazos que están "peleando" por el poder ahi arriba, mientras que aquí, aparte de sufrirlos, nos engañamos leyendo sus pactos y declaraciones. Tan dificil hacer el trabajo, eh? Sentarse en el escritorio, poner las firmas, destinar el dinero a donde hace falta? Si el sueldo alcanza... todo básico, todo masticado infinidad de veces en la mente, pero cada vez me asombra más... TAN DIFICIL????

(y sí, a pesar de eso, parece que tenés que estudiar mucho para entender de estructuras, aparatos y demás. Si bien alguna vez llegaré a comprenderlas lo suficiente, y poder hacer cosas con ello, entiendo que la parte subjetiva, humana, honesta, debe considerarse: frena toda política, todo estudio merecidamente objetivo, lo embadurna y lo torna aparentemente inaccesible. Y muchos tropiezan tantas piedras, tantos escollos, que logran cansarnos)

13.3.09

Campo de batalla

Cuando uno a través de los días, lee o escucha algunas cosas, está en condiciones de robar siempre alguna cita, frase, verso, que queda rondando en la cabeza. El estado actual de la situación nos trae al amigo Graham Greene, en su Campo de Batalla.

"(...) Luchaba porque le pagaban para luchar, y sólo de vez en cuando la visión de alguna brutalidad otorgaba cierta convicción a su lucha. Otras veces, el motivo más noble que podía descubrir era el de cumplir con su deber; ninguna razón abstracta lo impulsaba a prohibir ese mitin, a interrumpir aquel otro, a hacer arrastrar a este socialista acusado de discursos sediciosos, a vigilar la tribuna de aquel fascista que sólo hablaba de bayonetas y de ametralladoras; así lo quería la organización a cuyo servicio se encontraba. Sólo cuando estaba cansado o deprimido, o sentía el peso de los años, soñaba con una organización a la que se pudiera servir por razones más elevadas que un sueldo, una organización que mereciera su fidelidad por su justicia inherente, su justa distribución de las recompensas, su sensatez. En esos momentos, pensaba con amargura que ya era demasiado viejo para ver la realización de su sueño. Su cara delgada, descolorida por incontables fiebres, demacrada por años de fiel servicio mercenario, revelaba momentáneamente la envidia que le inspiraban los jóvenes, que quizás un día podrían ofrecer sus servicios a algo que realmente parecía digno de ser servido. "

Greene, G., Campo de Batalla (1954; trad. J. R. Wilcock)

No es necesario que explique tramas, o presente al personaje que eso siente. Es el fin de un capitulo, da en el clavo como siempre. Puede ser una crítica al sistema, desde un puesto burocrático público alto, -aunque nunca creí que el autor profundizara demasiado en la alternativa de la época (parece que el marxismo es demasiada economía y muy poco catolicismo para su gusto, aunque todo en él es sospechable)-, puede ser, entonces, una Fe. No importa en qué, todo es creencia y esperanza en algo. Esa Fe, por más sólida, igualmente parece hacerse trizas frente a lo corpóreo: si el hombre pierde sus energías, va quedando sólo lo deplorable, y es ahí donde le gusta jugar al autor (allí está el área de combate). El sueño, una organización de la que estar orgullosos, no anularía esa Fe, el desgano físico no sería más que el momento de apreciar ese orgullo.

9.3.09

Cerveza tirada (*):

Bueno, es que aqui estoy de vuelta

-en vertical-
entre edificios, frente a pantallas;
vengo de piedras y reflejos de aguas,
no me traigas pues, más pedazos
de vidas virtuales, ni salidas a la moda,
no más fotos para verse uno mismo, de vuelta
y que te comentes como si estuvieras frente al espejo.
No más egos, ni laureles a tus pies.
Tampoco quiero ser porque ustedes lo sean,
dejenme ser un payaso, aunque sea el único,
lo seré. No hay problema, lo seré si me pinta,
la risa, el cosquilleo, el agua del traje rosa,
los zapatos que pisan, chaparrones y mojan a las señoras.
No quiero ser el centro, pero tampoco estar fuera,
me gusta verlos, pero de verdad. No es un toque y me voy,
ya tuve demasiado. Floto, me lanzan una cuerda y ya estoy.
Con ustedes, queridos seres.
No me pidan, entonces, que me haga una estatua,
que quede inmortal en la red, no daré lugar a la cantera,
por fin diré que no. Lo individual tallará ese "no".
Sí, sé que suelo dar otra imagen. Sonrío más de lo que siento.
Si lo saben, no lo han dicho, pero no me ofendo. Sonrisa cáustica de vuelta.
Aquí, en estos pasajes.
Y espero que resuenen mis pedidos,
y el bosque los escuche. Si la pasan bien, ya saben que me alegro,
no crean que así yo también me divierto. Es bueno que lo sepan,
mis estimados seres.
He vuelto, sí, y? Estoy aquí, inadvertido con intención, silenciado,
lo he estado, por supuesto. Pero veo que si influyo aunque sea algo,
uno con la presencia ya contamina, no del mal modo siempre: desprende
cariño, ganas de compartir, esperanzas. Lo que tratan ustedes de ignorar,
o de cubrir con gastos de energía, yo traté de que fluya, no fueran necesarios
las cobranzas, la bebida, o las maquinas. Hay otros medios y traté de darles cabida;
algunos lo han apreciado, otros siguen para adelante, ocultando sentimientos mezquinos.
Me enorgullezco un poco, lo admito. He estado un poco a la ligera, y fuera de lo convencional.
He recorrido caminos propios, "tantas rutas", y las he pintado.
Algún día todo sonará bien, cuando pinte mi obra maestra,
allí algunos comprenderán lo que presentían, y yo estaré ahí todavía,
mejor dicho, en verdad, pasa en este mismo instante. Me creo de repente
más que antes, he desplegado, un tallo más escribiendo estas letras,
cargadas, pero lo que se ve es muy poco. En mi interior, ya sabes.
Está aquí, donde mi persona.
Donde he vuelto, a mi alrededor.

(*) ejercicio, letra y descarga

11.2.09

Mejor me voy...

Recitado:

Me jui despacio,
aI tranquito sobón de mi matungo viejo
total... no tenia apuro en llegar,
cuanto más tardara, mejor,
ansina pudiera ser que se me juera
el temblor que tenia en el cuerpo
Nunca tuve el corazón tan apurao
y tan quedao el aliento;
yo no sabia lo que era estar embretao
hasta que vi sus ojos
pa' colmo a su estancia
llegaban los dotores encochaos del pueblo
y las chinas relucientes
en pilchas que valen mucha plata.
Tuito el paisanaje sabia
que yo estaba metido hasta las ancas
y no faltó el paisano cometido
que me chució:
andá y dale una serenata
yo te empriesto la guitarra.
Hasta ai' jui bien
después pa' que hablar.

Cantado:
Tal vez por creerme cantor
esa noche llegué hasta su ventana
traiba al chambergo una flor
y en mi encordada, el sol
de cien mañanas.
La noche me dió su luna
y ansina fue, que la soñé mi fortuna,
pero en dispués,
me volví sobre los pasos
y antes de montar
miré pensando.
Tal vez ni quiera saber
que sueño con su amor...
mejor me voy.
Tal vez por ser soñador
esa noche me fui
sin despertar,
o acaso fue el corazón
que imposible pensó
poder besarla.
La duda se hizo matrera de ilusión
cerquita pialó mi canto, la razón
pa' que pensar en volver,
si solo tengo el verso por fortuna
tal vez ni llegue a saber,
que cuasi le cante...
mejor me voy.

Final:
Tal vez ni llegue a saber
que cuasi le cante...
mejor me voy.

-----

Mejor me voy... me voy a otra parte por un tiempo, veré de olvidarme por un rato de los sinsabores, las frustraciones y las necesidades innecesarias. Probable es que encuentre más de lo mismo, pero con otro color pasará diferente (tendré momentos y momentos, también cosas que no hacen falta y más, pero no me espera nadie: a su encuentro voy, pues).

1.2.09

Harder they come, the harder they fall

They tell me of a pie up in the sky
Waiting for me when I die
From the minute you're born till when you die
They never seem to hear even your cry

Chorus
And as sure as the sun will shine
Gonna get my share of what's mine
And then the harder they come
The harder they'll fall
One and all
Well the harder they come
The harder they'll fall
One and all

Well, the oppressors are trying to keep me down
Trying to drive me under ground
Lord, they think that they've got the battle won
I say forgive them Lord, they know not what they done

[chorus]

And I'll keep on fightin' for the things I want
Though I know that when your dead you can't
But I'd rather be a free man in my grave
Then livin' as a puppet or a slave

[chorus]


(J. Cliff)
----------

Y cuanto mas fuerte vengan, y nos pisen, apaleen, mutilen y callen, más fuerte caerán. Claro que sí, pero de todos modos: ¿no sufrimos? Alguien debe darse cuenta de que los paraísos "blancos", luminosos y limpios, siempre aparecen como el motor de una utopía fascinante que exige al otro lado de la balanza llenarse con mucho peso de destrucción y aletargamiento de derechos. Para mí es demasiado lo que hay que soportar, y el otro lado apenas oscila desde bien abajo con sus granitos. No es un renunciamiento, vale aclarar para aquellos "fierros" luchadores que ven flaquezas en todos los devaneos dubitativos, es parte del intento por desempastar los ojos de lagañas soñadoras: que su presencia no pueda desviarse, por lo menos no implica ensayar cegueras.


15.1.09

HUMO (Smoke)

HUMO

Humo de alas ligeras, pájaro icariano
Fundiendo tu plumaje en ascendiente vuelo,
Alondra sin canto, y mensajero del alba,
Rondando en la altura de las aldeas, como si fuesen tu nido;
Además, sueño que se aleja y forma sombría
de la visión nocturna, reuniendo y elevando tus límites;
Velando por la noche las estrellas, y en el día
oscureciendo la luz del sol que empañas;
Ve, incienso mío, asciende de este corazón
y pide a los dioses que perdonen la claridad de su llama.

H.D. Thoreau
Smoke ("Humo")

El incienso del que habla: ¿amor que no desaparece nunca? ¿restos de las furias ardientes que matan en la tierra? ¿bocanadas de fumadores de tabaco virginiano? Todos apuntan para el cielo libre de manchas, donde los dioses perdonan y someten, como queremos creer. El día y la noche, lo esfuma; el sol y la luna, lo enciende. Mensajero de nuestros ademanes, de nuestras acciones: amor, incendio, pitadas. Como un ave que canta sobre el tejado de la cabaña de Walden, puede partir en cualquier momento, y es descrito por el concordiano con toda la emoción que le produce todo aquello que, fruto de la superficie, la trasciende. Su manera de sentirse vivo, describir lo que era vida y negar lo que la oscurecía ("el sol no es más que un lucero del alba").

31.12.08

(se) Parece (a) la lluvia

Y si, parece que es la lluvia. No es que no quiera que venga, pero la canción dice que su llegada atrae el dolor, la ausencia y las malas costumbres. I THINK IT LOOKS LIKE RAIN.

Regidos por los casilleros de días, hoy se supone, ya estamos. De a poco se nubla, se forman, se hacen las paces y caen pareciéndose a la lluvia, hermosa. Estemos atentos, los días crecen, "la misma lluvia trae la salvación y la catástrofe", "cuando llueve, el cielo nos sonríe con lágrimas" (Narosky).

...
Words by John Perry Barlow

I woke today...
And felt your side of bed
The covers were still warm where you'd been layin'.
You were gone...
My heart was filled with dread.
You might not be sleepin' here again

It's alright, 'cause I love you.
And that's not gonna change.
Run me round, make me hurt again and again.
But I'll still sing you love songs
Written in the letters of your name.
And brave the storm to come,
For it surely looks like rain.

Did you ever waken to the sound
Of street cats makin' love
And guess from their cries
You were listenin' to a fight?
Well, you know...
Hate's just the last thing they're thinkin' of.
They're only trying to make it through the night.

I only want to hold you.
I don't want to tie you down.
Or fence you in the lines
I might have drawn.
It's just that I've gotten used to
Havin' you around.
My landscape would be empty
If you were gone.

27.12.08

Una gran ciudad, un cuerpo herido.

¿Cuántas personas hay en tu cuadra, en tu manzana, a tu alrededor en promedio? ¿Por qué salen, entran, y vuelven a salir? Vos querés que el número sea más o menos fijo, estable, verlos desde un ángulo y arrojar un aproximado, para no abrumarte. Cómo es que los caos de los núcleos de la ciudad se parecen tanto a remolinos en que nos perdemos y nos tocamos fiero, como si no hubiera otra manera de moverse. Da la impresión de que el trazado, las calles, la mente diseñadora nos juega una pasada, que los medios de transporte humano se comen los ingresos y nos llevan de paseo todos los días. Días que son en verdad diferentes, sorprendentes, aunque sólo atengamos lo monótono que resultan cuando hay actividades regulares y máquinas que nos llevan de aquí para allá, que se distinguen con colores y experiencias.

No creas que es necesario conocerte de cabo a rabo tu barrio, los aledaños, los lugares “de visita obligada”, cada plaza, cada parque, cada estación o parada, para darte mínima cuenta de qué va todo en una ciudad habitada por millonadas de pequeños seres molestos que conforman un algo aunque no sepan o quieran.

La mejor prueba es apoyarse en la baranda de un balcón que mire a la calle, y contemplar la ciudad desde allí. Para que no toque los extremos, es ideal que no sea, ni muy tranquila u olvidada, ni ubicada en el fervor del centro. Es decir, evitar la contemplación en los “apacibles” pasajes un domingo por la tarde, cuando se cree que el día ya está decidido, así como la calle microcéntrica que deja ver sólo trajes, humo y la mezquindad de todos los que se creen importantes.
El ejemplo perfecto, personal, lo encontré en un tercer piso sobre la Avenida San Martín, a metros del Cid Campeador. Pude apreciar allí un “aura”, digamos, de las personas, o de su movimiento en general, que es completamente inadvertido cuando estoy entre ellas en la horizontalidad de las calles y veredas, cuando los otros pasan por mi lado una y otra vez, y yo también los esquivo. Yo a vos te cruzo en la vereda, te puedo llegar a ver, pero más que seguir pensando en mis cosas y suponer que vos tenés las tuyas, no puedo, porque debo seguir para adelante; si sentado en un banco en la plaza te veo de pasada, también, pierdo la noción al instante de que estás viviendo un algo en relación a un todo, de que tus pensamientos no son sólo tuyos sino que tienen que ver con el resto, incluso conmigo. Tal vez esta noción se recupera fugazmente ante un caso de urgencia, seamos dramáticos, un accidente en la esquina, cuando te tira al suelo unos metros un colectivo doblando justo esa esquina a la que tantas veces, otros, vos, yo, pensamos que le convenía un semáforo. Al ayudarte a que te recuperes, al llamar a una ambulancia, al putear al unísono al colectivero -y con ello, a todos los ladrones que le pagan, grandes culpables-, así como al decirte “andá con más cuidado” por simples reflejos de cuidador, si en una de esas te repusiste rápido y querés seguir tu camino, con todo eso y tanto más, nos vemos más a los ojos, vamos más allá.

Desde ese punto más alejado, arriba, uno cree estar viendo la porción de un gran cuerpo cuyos miembros se mueven, cada uno con su maleta de aprendizajes, sentidos y objetivos, interactuando entre sí. Si apenas podés ver las caras de la personita que está cruzando a toda velocidad, o de la que pasa por abajo tomando un helado, mucho mejor. ¿Qué piensan ahora? ¿Por qué demonios viven juntos?, o mejor ¿cómo lo logramos a duras penas? Es así; realmente funcionamos como una maquinita (creación humana al fin, miren si tenemos que llegar a ejemplificarnos en nuestros espejos), somos las manecillas, pero nunca dimos del todo bien la hora. No podemos obviar la parte lamentable, ahora queda decirla, ver como se manifiesta no sólo en el campo visual que todos tenemos cuando caminamos por las veredas, donde se levantan a nuestras anchas todos los edificios. Allí el funcionamiento maquinal se nos muestra si lo masticamos en la cabeza a la vez que el resto va y viene. En cambio, desde uno de los infernales edificios, se nos dificulta más comprender, ante la impactante idea de un bicho u organismo, que este pueda andar mal. ¿Por qué? Al igual que antes, si desde arriba apreciamos un pequeño accidente vial, y vemos como un grupo de personas ejecuta acciones para resolver una tal situación, prosiguiendo luego cada uno con su día, se nos abre la cabeza y expandimos la conciencia de uno y el otro. La persona que cruza la calle, la que toma el helado, aquel señor que sale del edificio de enfrente… no nos interesa en el momento por qué cruza rápido y mal, por qué degusta su helado, de donde sale y adonde va el señor. Si el primero acaba de traficar estupefacientes y apresurado vuelve a su morada, si el segundo ha engañado al heladero con el cambio, si el tercero acaba de cometer un asesinato en su departamento… ¿cómo saberlo? Desde nuestra estratégica posición no vemos mas que el cuerpito social en acción, pero los actos que supuestamente corroen la vida (nuestra) de a pequeñas partes, no los vemos, no, no. Esos tres personajes, aún sin conocerse, pero coincidiendo en tal esquina a la espera del cambio de semáforo, a nuestros ojos, están moviéndose, de acuerdo a sus fines, y están moviendo este pequeño mecanismo, réplica de las ilusiones de una armonía general, que tanto se teoriza.


Una broma chiflada en You Natzy Spy!, mofándose de los nombres de los paises de Medio Oriente. Aqui nos remitimos por la forma humana del mapa, nomás!

Una broma chiflada en "You Natzy Spy!", mofándose de los nombres de los países de Medio Oriente. Aquí nos remitimos por la forma humana del mapa nomás. Cuerpo-ciudad, mundo-humano al fin.


Y bien, como somos conscientes de que esta es complicada, de que somos un gran bicho que no se da maña (simple: no anda bien algo que anda mal pudiendo, realmente existiendo la posibilidad concreta, de que funcione bien), por más que nos asombren las células de personas esperando que pasen los autos para después cruzar, los que entran y salen con mediano orden de los colectivos, los negocios en plena atención, las parejas tomadas de la mano, las banditas de un lado para otro, los señores mayores con las compras, los que se toman un descanso en el parque, hasta el cartonero que selecciona basura, todo nos pega de lleno y nos muestra que así somos, así funcionamos en el estado en que estamos. Entre ellos se compra y se vende, se dice “por favor, perdón y gracias”, se saluda y se despide; también se roba, se insulta, se lastima, se mata. Con dureza, se vive; no es sin embargo, una lucha salvaje por sobrevivir, es nuestra culpa. Y darnos cuenta de las varias maneras de verlo, nos abre la croqueta, y los ojos. Recomiendo, pues, subir unas escaleras y sin creernos más dignos que nadie, admirarnos.


publicado en http://capeandoalalimon.wordpress.com/

18.12.08

Justo abajo en el Sur

Bien abajo, Sureño sueño
las mujeres flotan en el agua,
como ninfas del océano,
nadan, la luz del faro las guia,
comen flores que el viento arroja.
No remuerden, no buscan, no temen,
son tu consuelo, sonríen sin esfuerzo,
abrazan desesperanzas y arenas,
les tienden alfombras a las piedras.

Mientras das tu mano, oye cómo las burbujas,
suenan; los colores,
cambian en saltos; las nubes,
cargadas, expiran fuego azul;
Y ellas, ellas, el relámpago toman
y te astillan las sienes.
Intenta mirar para otro lado:
te morderán los labios,
sacudirán las manchas de tus hombros,
fijarán sus miradas,
atravesarán tu pecho con manos, estrujando
entre órganos, buscando los latidos.

Entonces, todo se terminará en otro sueño,
todos los instantes serán un momento,
un único momento.
Y retomarás la fría realidad,
los ojos irradian ahora arcoiris
y el rocío pisa los talones.

Como un río que desemboca, más liviano,
el mar tranquilo se muestra firme y cauto,
atrayendo cada palmo de tu aire.
En la espalda de cada uno se imprime
la imagen ardiente de un atardecer,
y las marcas de uñas que arrastran algas,
firman la eternidad de un lazo,
el refugio del Sureño, bien abajo.


28.11.08

Ver la roca




(escrito hace casi dos años; esperando por la próxima)


I

Tengo ganas de volver a verte de cerca:
de recostarme sobre tu escarpado terciopelo atlante
Quemarás más que el sol mismo,
pero los pies los tendré sumergidos en fresca agua inquieta,
equilibrando el ardor interior
fustigado por los rayos que han esquivado
las hojas, quienes hicieron lo posible sombreando.

Suspiraré, y una calma tendrá que avenirse,
sí o sí, porque es lo que buscaba;
y aunque no exista,
mis facultades dirán que esas sensaciones están allí,
gozándome, y yo me dejaré fluir más que nunca.

La mente se verá alivianada y se oxigenará,
quizás con suerte intente
deshacerse de los malos tragos
y deje espacio para nuevas vasijas.

Los silencios de repente se harán oro;
los ojos cerrados superarán el umbral de la miopía
y recorrerán todos los recovecos verdes,
a sus habitantes que no cesan de jugar a las escondidas,
sabiendo que protegen grandes secretos.

Mientras, unos dedos pasean pastizales,
tranquilos, sin que nadie los corra
–tal vez algún amigo poco peligroso se suba a chusmear-,
y otros descansan barridos por la corriente,
olvidando cuánto cargan día a día.

II

Podrá avanzar la tarde,
que yo seguiré percibiendo maravillas a ciegas;
mas recuerdo que soy privilegiado y que poseo ese sentido,
dejo pasar la luz y me someto al alrededor,
sonriendo de vez en cuando.

Acuden a mí recuerdos vagos, poco reales
hasta donde pueda soportarlo.
Sacudo la cabeza,
no dejo que se me interpongan las preocupaciones,
y como respuesta, las otras especies me reclaman.

Les ofrezco mi atención,
que pende de un hilo, aunque a ellas les baste.
Claro, de allí su libertad,
su pasión desinteresada,
la lucha por sobrevivir que les es propia
(a nosotros sólo nos ha afectado en tanto retórica malsana),
su recelo.

En realidad nos siguen,
y nos admiran en tintes de odio y lástima,
por eso nos notan y siguen su camino,
no contestan a nuestro idioma.

Pero beben de las mismas aguas,
compartimos la vida, se merecen todo:
y encima reconocen, quisieran recordarnos
que primero debemos mirarnos entre los hombres,
lograr ciertas igualdades, por más vapuleadas,
para así después vivir,
como hacen ellas en todo momento,
en la plenitud verde.

24.11.08

9 (number naina)


Me gustaría vivir en un país bajo el mar. Donde los pulpos cuidan sus jardines y los peces multicolores se mueven libremente. Los humanos pueden respirar con tubos de oxígeno, o sin ellos. Submarinos amarillos se desplazan suavemente por debajo de las olas y los campos de frutillas resisten para siempre. Los "meanies" (monstruitos azules que odian la música) dejan la vida submarina y se dirigen a la Argentina, porque la Banda de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta está constantemente tocando música. Un hombre de ningún lugar vive solo en una tierra de ningún lugar, tramando sus planes de ningún lugar para nadie. Los bulldogs ladran, y de sus hocicos salen burbujas, y podés escuchar: "Hey Bulldog!". Si te sentís solo, podés hablarles.

Existe un lugar al que podés ir, y está en tu mente, y no hay allí tiempo. Cuando estás en medio de un sueño, nadie te sacude, nadie te despierta. El Dr. Robert tiene todo lo que puede, dice "bien, bien, estás mejor...". Y al momento, estás tan feliz... sonreís aquí, allí y en todas partes. Los taxistas trabajan ocho días a la semana, pero para ellos, todo lo que necesitás es amor. En una ciudad (Dakota), un tal Rocky Racoon colapsó en una esquina; otro tipo, Daniel, le ha disparado. En las escuelas, cada días mejoras, los maestros no te dan con reglas. Te sentís bien (con una pequeña ayuda de tus amigos es mejor), y al final, el amor que recibís, es igual al que das.



*En segundo año de la secundaria, se nos pidió escribir un texto para inglés, como forma de examen (materia: inglés, ejem). El docente era un gran pelmazo, no voy a ahondar en detalles, pero gran muestra de ello es que con mi gran amigo Franquito, fuertemente embebidos de beatlemanía, nos dispusimos a escribir para esa evaluación, una serie de frases poco conexas extraidas de las diversas canciones del cuarteto de Liverpool. Armamos lo que arriba se lee, obviamente en su idioma original, y en ese momento nos gustó tanto que no nos preocupó lograr la nota con tales babosadas.
Se ve que al tipo le gustaban los Beatles, porque nadie le pondría a esa verdulería un 9 (nueve). Me temo que, no obstante, le importaba todo un comino. A nosotros nos pareció tan genial la situación en ese entonces que mantuvimos el manuscrito guardado. Pero, como parte de los revivals que salen todo el tiempo para honor de la nostalgia, lo cuelgo acá. Todo tiene su valor.

20.11.08

He notado...

Algunas cosas que noté durante estos días, impulsado por el (in)esperado pasaje de metodologismo metodológico sociológico histeriológico a la de los campos abiertos de posibilidades y la necesidad de tomar decisiones fuera de ámbito académico, pero que me preocupan tanto más.

- Los campamentos empiezan antes de llegar a tu lugar de destino, esto quiere decir que a las terminales de Retiro le falta solo un poco de césped artificial como para ir acostumbrando la vista, mientras te acomodás en el suelo mil veces pisado y te manducás una rosquita de pan y leés el diario a la espera de que te confirmen que para el día de tu viaje no existen más boletos (estuve a un puchito, delante mio quedaba únicamente unas señoras y tres minitas que iban a sacar, por lo que les escuché, como 5 pasajes cada una... ya estaba jugado -me atraganté con una palmerita, y peor, cuando leí sobre los sueldos de funcionarios crotos en el diario de Lanata (que tanto le falta...)-.)

- Que la kinesiología es menos efectiva que el agua con sal para curar esguinces, pero uno va con la certeza de que esos campos magnéticos y las estimulaciones realmente devuelvan la falta de sonoridad que ahora el pie baila en cada paso.

- Cierta gente parece que vive para la joda solamente, y me digo, qué bueno que estaría ser así. (Be young, be happy, be...). Ahí me pongo a pensar por qué demonios me preocupo tanto por otros, si nos podemos guiar por puro individualismo y decir luego que vivimos cada segundo de nuestras vidas (a este paso me pregunto qué hago delante de un teclado diciendo esto; me contesto que en el lugar donde querría estar -que no sé cuál es-, no estoy, y debo acoplarme).

- Vuelvo a darme cuenta de lo que Juan Carlos Hinkelammert decía, al intentar llegar a una temperatura agradable con el aire acondicionado del trabajo. La temperatura ideal es un concepto límite, aunque no sé si por el factor humano. Y ahí en el laburo uno encuentra otra mente que se plantea las disrupciones del capitalismo y después tararea Color Esperanza como forma de homenajear el "principio esperanza" de Bloch.

- Merl Saunders y Jerry Garcia son lo mejor musicalmente que ha encontrado en estos años, desde la cumbre beatlemaniaca y tantos otros, artistas y géneros. Los tapes obtenidos en internet son aquí conocidos por... yo solo. Y luego, llegan y salen nuevos viajes musicales todo el tiempo, hay que agarrar lo que más pega en el corazón.

- El periodismo difundido es una mierda. Ojalá que mis colegas periodistas obren en consecuencia.

- La sociología puede llegar a apestar. Amor y odio; en este sentido, el cuatrimestre lo ha salvado ver a gente copada todos los días, cursar con muchos así (y con algún que otro salame) y limar con autores, docentes, agrupaciones y niños ratas. Si es así, a esta ciencia (será una ciencia? uf!) se la puede digerir más fácil y construirla para que la cabeza se abra y no se la cierre de un bocazo (cfr. diario el argentino en la esquina, otros majaretas cabezas duras, donde lo que quiero y el como lo quiero porque así me lo tragué, guía toda nueva experiencia o aprendizaje y la cercena).

- Que en los lugares de trabajo hay mucha energía contenida, todo puede irse por las ramas de un momento a otro. Y que a veces intentan ser un micro-mundo.

- El barrio de Caballito tiene veinte mil caras, es indefinible, más allá de aquello de la clase media. De a poco pierde lo de barrio para ser de lo más corporativo (cfr. las torres inmensas en la cuadra de enfrente; la separación caballito norte - caballito sur, ¡qué asco!).

- Que los ojos enrojecidos, la blefaritis, es un demonio, junto a la miopía y los genios malignos de las canchas públicas y privadas, que hacen que caigas mal o te tuerzan de un pelotazo. Que aquel día del amigo en 2004 fue muy bueno mientras duró.

...
Y seguiría, de no ser por el ardor en los queridos ojos y la sed, que me pide un vaso de agua. Dejo de escribir para eliminar mis toxinas, doña. Continúo pronto, ya verá, que no se enfríe el té mientras.

16.10.08

Mi viejo mate galleta

Por ahí leí que tomar mate, o "matear", es como rascarse. Nunca le encontré sabor excepcional, de delicia, pero con el tiempo uno se aferra a su gusto amarguito y deja que le raspe la yerba como si nada, produciéndole cierto tipo de placer. Lo redescubrí cuando dispuse de unas semanitas de parate durante el agitado año, en las cuales debía estar la mayor parte del tiempo tendido, o quieto casi completamente, sentado, leyendo, escuchando. Me dije que era necesario llamar al mate para acompañar la tarde, para mí gran desconocida, evitándola antes dentro de un aula centenaria, ahora con las oficinas metálicas.
El otro hallazgo fue la obra del señor Larralde, cantante de la vida campesina argentina, y de los sentimientos del hombre de siempre. De sus sufrimientos e injusticias, de sus amores y las cosas que idealiza para seguir adelante en la infinitud de la tierra pampa.

Y una oda al mate, el viejo mate galleta que existe en cada hogar y con el cual hilamos pensamientos, los desviamos hacia el campo acompañando a los ojos que se pierden en su inmensidad, y con el que construimos nuestros mundos junto a otros.


MI VIEJO MATE GALLETA

Mi viejo mate galleta,
que pena me dio perderte,
que mano tronchó tu suerte,
tal vez la mano del tiempo,
si hasta creí que eras eterno,
nunca imaginé tu muerte.

En tu pancita verdosa,
cuantos paisajes miré,
cuantos versos hilvané,
mientras gozaba tu amargo.
Cuántas veces te hice largo,
y vos sabías porqué.

Cuando la yerba escaseaba,
por falta de patacones,
nunca pediste razones,
pero me diste consejos,
chupá, pero hacete viejo,
sin llegar a los talones.

Y en esos negros inviernos,
cuando la escarcha blanqueaba,
tu cuerpito calentaba,
mis manos con su calor,
pa que el amigo cantor,
se prendiera a la guitarra,

y ahí nomás se hacía la farra,
vos y yo, en un mano a mano,
mate y guitarra en el claro,
mate y guitarra en la sombra,
en leguas a la redonda,
no hubo jagüel orejano.

Ah, compañero y hermano,
que destino tan sotreta,
nunca le di a la limeta,
en vos encontré la calma.
En este adiós pongo el alma,
mi viejo mate galleta.



~ No puedo escribir más, a pesar de que tengo muchas ganas. Las cosas así no dejan de ser interesantes, las
cosas más elaboradas están detrás de la cortina y no se publicarán por aquí, responden a otra esencia. Se precisa de las dos, ya veremos
como llegan a ver la luz. Ahora me preparo para enfrentar muchos discursos y llegar al noviembre con la guitarreada de Don José y, quién sabe, un monárquico campo para ver a dos reinas en el fortín.

22.9.08

Un poco de gelatina no razonada


Si no cae la lluvia, si se rehúsa a caer
,
y el sol no brilla, ofuscado, entonces
no tengo lugar donde ir;
no pareces escucharme cuando te llamo,
a pesar de que conozco varios caminos,
muchos caminos,
ninguno se digna a llevarme a casa.

(...)

El pequeño hombre de ciudad, apenas visible, oscuro y de bordes di
fusos, recorre las calles buscando el objetivo de su vida, y también una persona que lo necesite. Todos somos ese personaje, todos los días. Todos queremos vernos reflejados en otro ser, nos levantamos día a día predispuestos a seguir el curso de lo que empezamos, pero cuando nos invade la angustia y masticamos apenas nuestra cotidianeidad, deseamos desaparecer en partículas por millones, invisibles, que, al fin y al cabo, es lo que nos compone. Del alma y el pensar separados, ni hablemos, porque discurrir sobre sustancia ya nos enfrenta a la finitud terrenal. Luego, desprovisto de lógica, reclamamos que nos tuesten los rayos solares y nos riegue el agua. El que pretende regresar a los bosques, ya está perdido, no sentirá la vida en todo su ancho, porque apenas los primeros segundos de vida fuera del árbol le fueron fatales. Pero por lo menos las aves le contestan y le miran. Es uno de varios caminos, de muchos de ellos, y puede ser su hogar. Debe allí planear su cabaña.


*claramente estoy influenciado por cierto trascendentalismo, y con algo de repulsión al cemento y a toda la racionalidad de nuestra historia, que tanto estoy estudiando. Bah, en realidad no tengo que explicar por qué escribo tal o cual cosa. Sólo que lo hago de a tirones, y no vuelvo atrás. Por eso no borro.

13.9.08

¡Dejame un tiro! (suave como la seda)

Las ganas de jugar al básquet empezaron cuando pequeño, una vez depositada aquella enorme pelota naranja n°7 "Spalding" ("firmada" por Scottie Pippen, todavía la tengo) en mis manos, para que aquél día soleado en el polideportivo de Ferro en Pontevedra yo lograra, después de miles de intentos, encestar 6 (seis) tiros. El aro, a 305 cms. de distancia del piso, y la red, sobre todo la red y el ruido que provocaba al entrar la pelota limpita, sin tocar los cilindros, me cautivaron. Debía tener entre 7 y 8 años. No me acuerdo de una sensación exultante, pero sí que había encontrado algo que me gustaba, que finalmente me entretenía. Todos debemos pasar por esa idea en algún momento, lo que produce gustito se nos puede presentar como uno de los tantos caminos a recorrer, y tomarlo como actividad nos meterá en una esfera de la vida que después veremos como inevitable.

Creo que puedo decir que siento pasión por este deporte. Por lo menos, nunca se ha desvanecido; siempre quise jugarlo. Recuerdo las primeras camisetas de la NBA que tuve. Primero fue una de Charles Barkley, cuando jugaba en los Suns. Inmediatamente ese equipo, Phoenix Suns, debía ser ser mi favorito. Yo ya me los conocía por la TV, los álbumes de figuritas y, más que nada, por la interacción con otros pibes que también jugaban al básquet en el club y llevaban sus camisetas. Pero al final esa musculosa me fue chica y tuve que cambiarla por otra, llegó a mí una de los Philadelphia 76ers, específicamente, la de un tal Shawn Bradley. ¡Cambio! Ahora sería de los Sixers de "Phila" -todavía "hincho" por ellos a la distancia y conservo la remera-, y ya me sentía identificado con ese Bradley. Grata sorpresa cuando me enteré de que Shawn era un pivot de 2.29 metros, y viendo su foto, comprendí que no había semejanza alguna entre mi juego y el suyo, el de un lungo demasiado flaco y falto de músculo, con aspecto de granjero. Obviamente, no me importaba: era una remera diferente a la del resto (todos con la de Jordan o Shaquille O'Neal) y de un equipo no muy ganador -siempre tuve esa tendencia a fijarme en los menos famosos, en lo no tan importante para la mayoría, en fin, en la contracultura si se quiere-, y con ella empecé a disfrutar del juego. De a poco lo fui acompañando con los primeros jueguitos electrónicos (el TECMO en el family game, el NBA Live ('98?) cada vez que podía ir a lo de mi tío y usar su compu, etc.), aquellas deliciosas finales por TV (Utah-Chicago, con la voz de Álvaro Martín, crecí con ese tipo y otros como Ernesto Jerez o Carlos Morales y sus tremendas frases) y hasta algunos libros que enseñan posiciones, tácticas y movimiento, y el reglamento oficial.

Ir a ver partidos de la Liga Nacional, con las estrellas ahí nomas del Etchart o el estadio de Obras, federarse y empezar a entrenar y defender los colores de un club, todo llevaba a tomarse cada vez más a pecho el deporte, al que ya le dedicaba varias horas en la semana. Los partidos bien temprano los domingos, las caravanas de autos y padres para encontrar los clubes perdidos por todo el Gran Buenos Aires, las camisetas y la elección de los números. Los viajes con mi viejo escuchando los primeros cassettes que me grababa con los discos iniciales de Los Beatles (imperecedero en mi mente el "It won't be long, yeah" como fondo de la autopista que pasaba por la ventana del asiento). Jaja, recuerdo cómo entrenadores y chicos no entendían como me gustaba esa música, y yo, chocho por eso. Y el esfuerzo de la familia, que se tomaba el día para verte jugar en, no sé, digamos, El Palomar. Ganar o perder, creo que he perdido más partidos en mi vida que ganados. Pero los buenos momentos ocurrieron en ambas circunstancias.

Pasaron los años, y muchas cosas en ellos. Viajes al interior (¡qué hermoso Olavarría, quiero volver!), conocidos, amigos, gente sobre la que todavía hacemos bromas, clubes y zonas oscuras del conurbano. Burocracias, aparatos, personajes. Lesiones y sufrimiento. Todo a través de algo como el básquet. Es uno de tantos mundillos que en esta realidad inabarcable existen. Y seguro que de la forma en que lo yo lo viví es irrepetible. El camino es muy propio.

Uno crece y asume nuevas responsabilidades. Mucho estudio, a trabajar de repente, a pensar en cosas nuevas. Dejé de jugar para un club determinado. Sin embargo, con los amigos siempre sale un partido, o nos desviamos para hablar de la liga o la NBA. Todos creemos que volveremos en cualquier momento a jugar, quizá no juntos, en un equipo. No niego esa posibilidad, pero ahora no podría.

Y me hace falta, necesito descargar la tensión, sacarme la mufa. Transpirar defendiendo toda la cancha. Meter un buen pase, o clavar un triple (escuchar el CHASSS!, ¡oh, la red!).
Pero todo eso conlleva un riesgo.

A eso iba.

Olvidé mencionar que aparte de esas responsabilidades (estudio, trabajo, etc), hay otro molesto motivo que no hace tan colgada esta intromisión de un pasatiempo con aires de nostalgia en este blog.

Simplemente, quien les escribe está bajoneado por un burdo esguince en el tobillo, y de repente se desvive por caminar y encontrar algo con que despejar la mente. Recuerda que el básquet precisamente lo ayuda en ese sentido, por lo que se resigna y opta por escribir sobre cómo llegó a disfrutarlo. Ahora se siente un poquito mejor. Gracias.

9.9.08

La culpa la tiene el hombre, solo (¿quién?)

El hombre protesta... ¿sólo? Ahora parece que todos salimos a la calle (por caso), que nos ha llegado la hora. Cuando no se hace nada, que lo entienda el puntero, el caudillo y sus peones, cuando no se hace nada sentados sobre la montaña de plata y formularios, la vena se hincha y quiere ser atendida. Solo no ocurre nada. Transporte, educación, trabajo, salud. Derechos, no regalos, como lo entendería el ciudadano Kane.

Podemos tomar las cosas que pasan en la realidad como objetivas, y sólo así pretender hacer ciencia de lo social. Análisis válidos, pero limitados, suponen que apenas un poco de subjetividad ya quiebra las posibilidades de la intelectualidad porque pierde de vista la materialidad que todo lo condiciona. Pero es insuficiente. Los va-y-vienen del poder, los amagues y guiños, los pactos, parecen esfumar toda esa base; cualquier personaje que allí resida, no importa su origen, está tramando algo. Y si solo no se desinfla, entre otros lo ayudan: la culpa la tiene siempre el hombre, solo.

Como canta José Larralde:


MANEA



Pa que decir lo que pienso, solo,
si naides piensa en lo mesmo, que otros.
Pa que alegar mis sentires,
me duele tener que hacerlo,
total al fin viá quedarme, solo.
El viento grita pa juera, solo,
los hombres gritan pa dentro, todo,
y si hay alguno que quiera
hacer lo mesmo que el viento,
verá que pronto se encuentra solo.
El hombre quiere gozarla, solo,
el hombre quiere que cinche otro.
Ninguno sienta verguenza,
ninguno culpe a ninguno,
la culpa la tiene el hombre, solo.
Pa que decir lo que pienso, solo,
si naides piensa en lo mesmo, que otro,
no ven que naides entiende,
que naides tiene verguenza,
el hombre gusta enterrarse, solo,
pa que alegar lo que pienso, solo...


Es tristemente corriente que lo que los ciudadanos, dentro de todo el mamotrético concepto de democracia, deben recibir, sea buscado día tras día, y así los años y los años. Con algunos hechos llamativos que marcan las épocas para que podamos recordarlas en nuestras discusiones, lo que subyace es el estar parado pidiendo, todos mendigos. Les dejamos a los líderes que se regodeen en la escena política, los seguimos con los flashes y los mares de tinta, y los perdemos de vista cuando asumen los cargos que generamos, los criticamos quizás desde el comienzo, pero sin que esa crítica forme parte de algo superador. Estamos esperando siempre un salvador entre lo que sabemos que es una madriguera de ineptos, francamente. Los que parecen que se salvan, jamás llegarán: los medios tan racionales los frenan en su carrera (sólo una tortuga allá por los '6o parecía verde honesta y su radicalidad fue degollada), y las masas, esas tan desdeñadas, no los verán. Clientelismo con los pobres: voto por pan; clientelismo "high": plata por puestitos. Ñoqui a ñoqui, todos en su salsa.

6.9.08

Una canción de cuna rusa

Una canción de cuna, rusa, sí. Russian Lullaby es el título de una canción de Irving Berlin (1888-1989) (¡!), compositor de origen ruso radicado en los EEUU. El tema se ha convertido en lo que se conoce como standards del jazz, sobre el que se apilan miles de versiones interpretadas por generaciones de músicos de todas partes.

La Historia es interpelada con sus propias versiones que indican que Berlin escribió esta canción como una muestra de -humilde- apoyo a la opresión del incipiente régimen stalinista en Rusia, alrededor de 1927. La madre que arropa a su bebé y le canta, el padre bigotudo que, aunque ausente, los sofoca, un llamado a la libertad que el observaba de su tierra "americana", apenas irrepetible y muy cerca de perderse. La libertad no es lugar para nadie, en esos años ni ahora, pero se le han cantado muchos lamentos. Al pequeño hijo no sólo lo preservaba del Coco, sino que lo escondía de otros sustos, de que se le impregnara un pensamiento fijo, un bálsamo de recetas para la vida. El Estado no tiene la misión teórica de evitar que sea un "aislado" y una amenaza para el orden social por ser un Ser que mira como el todo se mueve a su alrededor, él haciendo dedo. Quiere que, apretado junto a los demás, se roce con ellos y se sienta parte de un total soviético. Este es el plan máximo, que se manifestó en fracaso, y el bebé llora y desagua en el Volga, la madre meciendo, sonando la canción arrulladora.

Where the dreamy Volga flows
There's a lonely Russian Rose
Gazing tenderly
Down upon her knee
Where a baby's brown eyes glisten
Listen

Ev'ry night you'll hear her croon
A Russian lullaby

Just a little plaintive tune
When baby starts to cry

Rock-a-bye my baby
Somewhere there may be

A land that's free for you and me
And a Russian lullaby

La primera estrofa es frecuentemente omitida en las versiones que por ahí anduve escuchando. El inicio de la canción es más bien instrumental y arranca hablando de la noche gélida nórdica. Dí con ella a través de unas grabaciones de Oscar Alemán, talentosísimo guitarrista argentino swing, y posteriormente la escuché cantada también por un tal Jerry Garcia, puerta de acceso a mucha musicografía. A continuación dejo dos versiones para que la escuchen. (...)




P.P.



 
Creative Commons License
© 2007-08 *Diseño basado en Templates para Você*
Clicky Web Analytics