22.9.08

Un poco de gelatina no razonada


Si no cae la lluvia, si se rehúsa a caer
,
y el sol no brilla, ofuscado, entonces
no tengo lugar donde ir;
no pareces escucharme cuando te llamo,
a pesar de que conozco varios caminos,
muchos caminos,
ninguno se digna a llevarme a casa.

(...)

El pequeño hombre de ciudad, apenas visible, oscuro y de bordes di
fusos, recorre las calles buscando el objetivo de su vida, y también una persona que lo necesite. Todos somos ese personaje, todos los días. Todos queremos vernos reflejados en otro ser, nos levantamos día a día predispuestos a seguir el curso de lo que empezamos, pero cuando nos invade la angustia y masticamos apenas nuestra cotidianeidad, deseamos desaparecer en partículas por millones, invisibles, que, al fin y al cabo, es lo que nos compone. Del alma y el pensar separados, ni hablemos, porque discurrir sobre sustancia ya nos enfrenta a la finitud terrenal. Luego, desprovisto de lógica, reclamamos que nos tuesten los rayos solares y nos riegue el agua. El que pretende regresar a los bosques, ya está perdido, no sentirá la vida en todo su ancho, porque apenas los primeros segundos de vida fuera del árbol le fueron fatales. Pero por lo menos las aves le contestan y le miran. Es uno de varios caminos, de muchos de ellos, y puede ser su hogar. Debe allí planear su cabaña.


*claramente estoy influenciado por cierto trascendentalismo, y con algo de repulsión al cemento y a toda la racionalidad de nuestra historia, que tanto estoy estudiando. Bah, en realidad no tengo que explicar por qué escribo tal o cual cosa. Sólo que lo hago de a tirones, y no vuelvo atrás. Por eso no borro.

 
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